América Latina entre los más afectados por la INFODEMIA

18 de diciembre de 2020
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Basándose en datos de varios países del Observatorio Infodemics Covid19 de la Fundación Bruno Kessler, el PNDU desarrollo un #GraphForThought que explora la difusión de información falsa sobre COVID-19 en América Latina y reflexiona sobre cómo puede interactuar con los déficits estructurales existentes en la región en la confianza en las instituciones.

Utilizando un conjunto de datos masivos globales de publicaciones relacionadas con el COVID-19 en Twitter, el Observatorio utiliza técnicas de aprendizaje automático para cuantificar indicadores como la «fiabilidad de las noticias», la fracción de LRU que apunta a fuentes confiables (por ejemplo, medios de comunicación, instituciones científicas reconocidas y revistas) en lugar de que las fuentes no confiables (por ejemplo, noticias falsas/engañosas, sátira, clickbait, etc.). Para el 11 de octubre de 2020, el Observatorio había analizado más de 519 millones de publicaciones relacionadas con el COVID-19 en Twitter (a partir del 21 de enero de 2020), y descubrió que, a nivel mundial, la mayoría de las publicaciones (71%) se clasificaron como «noticias fiables» que fueron compartidas. Sin embargo, la situación es menos optimista si ponemos la atención en la región de América Latina y el Caribe.

Luis Felipe López-Calva, director regional para América Latina y el Caribe del PNUD señala que los 15 países con el desempeño más bajo en esta lista en términos de confiabilidad de las noticias son todos de Latinoamérica. Los datos muestran que, en promedio, en los países de la región, solo el 59% de las noticias se consideran confiables, aunque existe una amplia heterogeneidad. Mientras que en países como Argentina y Jamaica casi el 80% de las noticias se consideran confiables, en países como Venezuela y Perú esta proporción cae a un asombroso 25% o menos. Esto implica que en Venezuela y Perú, solo 1 de cada 4 tweets contiene noticias confiables, las tasas más bajas de confiabilidad de noticias a nivel mundial. 

“Aquí hay elementos importantes: baja confianza en los Gobiernos; alta capacidad de difundir información porque el costo ha bajado gracias a la tecnología; y niveles muy altos de incertidumbre que llevan a usar la información disponible. La conjugación de esto genera difundir gran cantidad de información y hace difícil filtrar entre qué es confiable y correcto y qué no”, manifestó López-Calva.